martes, 31 de marzo de 2009

NINGUNA MUJER NACE PARA VIRGEN (primera parte)

Un cuento para el 8 de marzo….

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.


Hoy es 8 de marzo. Es domingo. Una buena oportunidad para celebrar nuestras luchas, me dije al despertar, pensando en las actividades en las que nos autoconvocamos, feministas, mujeres inconvenientes, rebeldes variopintas, en ésta y otras oportunidades.

De todas maneras, me dije, antes de llegar al acto tendré que cumplir con los rituales domésticos que no celebramos. Fui con la bolsa de hacer las compras a cumplir el cotidiano ritual de conseguir el pan con el sudor de mi frente, y de todo mi cuerpo, ya que el calor apretaba…

Antes de llegar al almacén, pasé por una concentraciόn de mujeres. ¿Tan temprano? Me pregunté. ¿Habrá un acto que no tengo registrado? ¿No habré sido convocada? ¿Me mandaron la invitaciόn y no me llegό?

Una vez más volví a pensar en la inseguridad que me provocan las comunicaciones por correo electrόnico, en las que cada dos por tres se me pierde alguna informaciόn fundamental. ¿Será un problema de las listas de yahoo o será mi computadora, que sigue infectada por una variaciόn de troyano que ni Casandra podría con él? Concentrada en esas obsesiones, iba chocando con una y otra mujer de la concentraciόn que yo no registraba en mi computadora, y fui lentamente percibiendo, porque mi atenciόn estaba en otro lado, que ellas no llevaban las banderas lilas del feminismo, ni los pañuelos verdes de la campaña por el derecho al aborto, ni las banderas rojas y negras de las anarquistas.

No... Ellas llevaban rosarios.

Ellas no gritaban como solemos hacerlo nosotras cuando pasamos enfrente de alguna iglesia: “¡saquen sus rosarios de nuestros ovarios!”. Ellas, en realidad, no gritaban nada. Ellas acariciaban con devociόn las cuentas de sus rosarios. Iban pensando en algo trascendente. Iban olvidadas de sus ovarios.

Ahí caí en la cuenta (siempre un poco tarde, claro) … de que ellas no estaban preparándose para celebrar el 8 de marzo, como día de la mujer trabajadora, ni como día de la mujer luchadora.

Ellas iban a celebrar el 8 a la mujer virgen, como lo hacen todos los 8.

Antes de seguir, tengo que aclararte -aunque tal vez ya sepas-, que muchas veces vivo a la vuelta de la Iglesia de la Virgen Desatanudos (otras veces vivo otras vidas en otros lugares). Soy por ello una testigo de la devociόn provocada por las habilidades desatanudos de la Virgen, que en los últimos años, no se sabe bien por qué milagro, se volviό un boom en el barrio. De este boom saliό ganando, sobre todo, el dueño del kiosco de la esquina, que a pesar de que te atiende con cara de perro, sigue ampliando cada vez más las instalaciones.

Pensando como estaba en el 8 de marzo, me olvidé de la celebraciόn de la virgen de los días 8. Si no, hubiera ido por otro camino al almacén... (Todos los caminos de las mujeres llegan al almacén).

“Pan pedí”, mientras chorreaba un poquito de sudor, no ya por la caminata, sino por los apretones que me habían dado las devotas.

Y leche, accedí.

Al regresar, recordé un diálogo sostenido con mi hija años atrás, cuando Martina tendría unos seis años, y quería que la virgen le diera un hermanito. Yo, que soy de las que no creen en eso de que los hermanitos los pueda fabricar una virgen, le decía que no tendría éxito con sus plegarias a la Desatanudos, porque era como creer que se podía comprar flores en un negocio de venta de electrodomésticos. Se equivocaba de ventanilla. La trataba de convencer, de que era conmigo con quien debería discutir el tema del hermanito, pero que además, era una discusiόn perdida, porque yo ya había decidido no tener más hijos o hijas, y sabía cόmo garantizarlo, a pesar de las prédicas religiosas y de que no había recibido educaciόn sexual en la escuela.

Martina, aunque tenía seis años, ya comprendía varias cuestiones fundamentales del funcionamiento de lo que algunos llaman familia. Por ejemplo, que no valía la pena gastarse en una discusiόn sobre los posibles beneficios que traería al llamado hogar, un hermanito o hermanita que jugara con ella. No intentaba por eso convencerme, sino que estaba buscando solamente que yo la llevara a la Iglesia, para negociar el tema directamente con la virgen.

Esa parte es la que ella no entendía. Que las vírgenes no suelen tener hijos… No lo entendía, por el problema de Jesús. Es decir, que si la única virgen que conocía había tenido un hijo, no podía creer, que las otras vírgenes no los tuvieran.

Como no creía, y como el tema le generaba varias dudas, le preguntό a su maestra cόmo es que se hacen los niños y las niñas. La maestra, que tampoco recibiό educaciόn sexual, o si lo recibiό fue por unos textos un poco desafortunados, aumentό su confusiόn cuando le respondiό que “se hacen con amor”. Después, para agregar al desconcierto, le preguntό a una amiguita del barrio cόmo había hecho ella para tener un hermanito. La amiguita le respondiό que le había pedido a la virgen desatanudos; y que cuando su mamá se quedό embarazada, fueron a agradecerle.

Sacando autόnomamente sus propias conclusiones, ella pensaba que tenía que pedirle a la virgen, que le hiciera el hermano… con amor.

Esta historia que recordaba hoy, 8 de marzo, mientras regresaba por otro camino, me creό cierto desasosiego.

Me pregunté por qué se puede creer con tanta fe en los poderes de las vírgenes por sobre los poderes de aquellas mujeres, que no nacemos para vírgenes. Me pregunté también por qué son tan temprano las concentraciones de mujeres que van a pedir o a agradecer a las vírgenes por sus favores. ¿Será por eso de que a la que madruga Dios la ayuda?

Me pregunté si es cierto que todas las vírgenes son como María, la mamá de Jesús…

Me pregunté por qué los que escribieron el cuento de María y Jesús, se empeñaron en quitarle a María, con todos los problemas que debería tener, una de las pocas alegrías, como puede ser la de disfrutar de un rato de sexo con el pobre José.

Horas más tarde, buscando mis atuendos de bruja para la manifestaciόn, volví a pensar en la concentraciόn de las mujeres de la madrugada.

Y fue con su recuerdo, que escribí con un marcador grueso mi cartel para la marcha: ¡NINGUNA MUJER NACE PARA VIRGEN!

Ahora que terminé de escribir la pancarta, me voy con ella bajo el brazo para el acto. Y lo que allí pase, otro día te lo cuento…

NINGUNA MUJER NACE PARA VIRGEN (segunda parte)

Cuando llegué a Parque Centenario con mi pancarta bajo el brazo, encontré alrededor del mástil un hormiguero violeta o lila (según el cristal con que se mire). Era una concentraciόn de mujeres que demandaban por sus derechos. Quienes habitualmente realizan sus aerόbicas caminatas por el parque, veían a las lilas con la misma cara con que se reacciona cuando una se sienta desprevenida sobre un hormiguero…

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Ellas –las lilas o violetas- repartían volantes por el derecho al aborto, contra las redes de prostituciόn y trata, contra la violencia hacia las mujeres, por el derecho a la libre opciόn sexual, y por varias otras cosas más… entre señoras que tiraban cartas, otras que ofrecían gatitos recién nacidos, paridos por gatas que no reciben lecciones de educaciόn sexual, y traen animalitos al mundo para ser repartidos en cualquier parte.

Me acerqué a una mujer con un cartelito que decía TAROT, y que gritaba a quien pudiera o quisiera escucharla, que ella podía ayudarnos a “no caer en las redes de la trata, o a no tener embarazos no deseados, o a no morir en abortos clandestinos”… Los caminos de la conciencia, pensé, son tan sinuosos, como los de la memoria, o los de las victorias. Pero si la señora lo dice, es que vamos ganando… concluí, aun sabiendo que ninguna conclusiόn es definitiva.

Las hormigas lilas se mezclaban también en el Parque Centenario, con artesanos y artesanas que ofrecían sus trabajos a quienes pasaban por ahí, e incluso con militantes de partidos políticos de izquierda, que ya están juntando votos para las prόximas elecciones.

Después de saludar a las hormiguitas de las más diversas tribus feministas, de recibir muchos pero muchos papelitos que todavía no pude leer, pero con los cuales fabricaré esta noche un librito para ir estudiando en mis clases de feminismo autodidacta, me encontré con Gerόnimo, que miraba con sus ojos grandes hacia un lado y otro, sin comprender cόmo es que de golpe las plazas dejan de ser de los niños y niñas que las pueblan habitualmente los domingos, y se vuelven de otros, y especialmente de otras…

“No te sorprendas, así son los adultos”, pensé, pero no se lo dije, porque lo vi feliz, tratando de comprender por sus propios medios las modificaciones en el paisaje, desde la perspectiva de su carrito de bebé.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Creo que fue en ese momento cuando comprendí que Gerόnimo podría ayudarme a sostener mi pancarta, ya que él mismo gozaba de un privilegio, como masculino minúsculo, sentado cόmodamente en aquel carrito. Así lo pensé y así lo hice. Finalmente, el 8 de marzo, es un día para discutir los privilegios masculinos, aunque vengan en carrozas de bebés… Esta tía le puso la pancarta inconveniente entre sus manos, y ahí estaba Gerόnimo estrujándola con la mano izquierda, y agitando en el aire: NINGUNA MUJER NACE PARA VIRGEN.

Yo creo que él comprendía claramente el mensaje, y se disponía de manera prematuramente militante a difundirlo. Tal vez esto fuera por el sencillo hecho de que si su madre hubiera optado por la virginidad, él posiblemente no hubiera nacido, o lo que es peor, en caso de nacer, podría haberle tocado un papel tan duro como el del otro niño, el Jesús, que por nacer de madre virgen, y por otros milagros más, muriό su primera vida en esa cruz.

Lo dejé a Gerόnimo sosteniendo las banderas, y me puse a caminar como hormiga por el hormiguero feminista. Todas mis congéneres trabajaban, llevando sus hojitas de aquí para allá, y de allá para aquí. Repartiendo palabras escritas y palabras orales.

La gente las veía multiplicar sus ideas, y las saludaba amablemente con un “FELIZ 8 DE MARZO”. Vi incluso a algunos golpeadores de mujeres recibir las hojitas con una sonrisa de esas que parecen amables. Te daban un beso y te decían: “FELIZ 8 de MARZO”.

Pero las hormiguitas no se inmutan por las posibles respuestas cínicas, o las supuestas incomodidades que podrían generar sus palabras. Ellas seguían incansablemente con su trabajo. Intentaban otras maneras de comunicar dolores y esperanzas. En un rincόn de la plaza, un grupo de mujeres hacía teatro, como si estuviera en sus casas. Quiero decir, que hacían en el teatro, lo que muchas veces sucede en el interior de sus casas, con esos hombres, los violentos, que hoy nos daban besos, y quizás alguna flor.

“El tiempo está a favor de las pequeñas”, Silvio, me dije en un arranque de emociόn frente al hormiguero feminista. En ese momento no tuve ninguna duda de que serán las hormiguitas las que rehacerán al mundo con su laborioso, cotidiano, y creativo esfuerzo. Aunque me acordaba de las devotas de la madrugada, lejos de ellas y de sus rosarios, vi la vida de otros colores… lilas, verdes, y de todo el arco iris.

Unas chicas jovencitas grafiteaban en las baldosas del parque: SI TE PEGA NO TE QUIERE. Y también: LUCHA AMA A VICTORIA.

Dos mujeres cuidaban a un bebé que crecerá sabiendo que se puede tener dos madres, no porque lo lea en los libros de sexualidad, sino porque él las tiene.

Cuando ya tenía que volverme a mi rincόn, a la vuelta de la Desatanudos, le pedí a Gerόnimo que me devolviera la pancarta. El me la dio un poco arrugadita, y un poco mojadita también. La pancarta regresό conmigo hasta el barrio, pero no llegό hasta mi casa. Como hoy es 8, lo dejé como ofrenda en el altar de la virgen.

Claudia – 8 de marzo

Gracias a Martina y Gerónimo por sus aportes…